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De copas ribeteadas y debilidades hasta el amanecer

Hay noches que tienen que existir. Noches que empiezan con copas ribeteadas y no acaban hasta al amanecer. Noches que comienzan con un suave olor a aloe, que no consigue ocultar la fragancia aún persistente en la curva de un suave cuello, mientras sigo a su vera. Noches para que te entendamos, más allá de tus palabras. Noches de fuerzas o, más bien, de debilidades. De manos entrelazadas y caricias de las que erizan la piel. Noches de esas que acaban con una cama deshecha y unos pantalones doblados, sobre mi silla, porque ya te vas.

Sergio Ferrer

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