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Despidiendo 2013

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Aurora Boreal en Helsinki

Aunque llegue tarde, yo también quería despedir el año 2013. Se lo merece porque ha sido uno de los mejores años de mi vida, también uno de los peores, y, sin duda, el más espectacular. La primera mitad ha sido la etapa final de mi erasmus, con todo lo que eso implica. Asentar sólidas amistades con personas inolvidables, viajar como nunca antes (Helsinki, Porvoo, Tallín, Laponia, Rusia, Dublín…) y hacer cosas que nunca habría imaginado como, por ejemplo, andar sobre el mar congelado, bañarme desnudo en el Ártico, ir en un trineo tirado por renos, en otro por huskies, esquiar en Laponia, conducir una moto de nieve y ver auroras boreales. Incluso algo tan simple como tomar un chocolate caliente en el acogedor ambien del Café Regatta con las mejores compañías (con guitarra y cantando si se daba la ocasión).

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Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada (San Petersburgo)

Pero esos meses llegaron a su fin, el Erasmus se acabó y empezó el verano, también increíblemente bueno. Me volvía a sentir como hacía tiempo que no me sentía en Valencia, disfrutaba de mis gentes, de mi moto, del chalé, de la playa y del clima más que nunca. Fui entre exámenes de visita fugaz a Bilbao a ver a mi queridísima Marta. Recibí una genial visita desde Suiza que superó todas mis expectativas (aunque sé que no vas a leer esto, gracias). Llegó el Arenal Sound, un año más, pero mejor que nunca. Diría que es el festival que más he disfrutado y no mentiría. Tampoco puedo olvidar mi primera experiencia en parapente con Alba.

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Reflexionando en tierras vascas

Después vino Galicia, de mano del cursillo de inglés de la UIMP. Sin palabras. No pensaba ni que fuese a ser tan entretenido y productivo académicamente, ni que de tan sólo una semana de relación fuesen a salir amistades con las que todavía mantengo el contacto. Ojalá pueda repetir este año (señor ministro, no recorte en becas). Y, tras Galicia, llegó Gijón y el reencuentro con Loris.

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Dos aguas

Y, como todo, el verano también se acabó y partí hacia Alemania, desde donde escribo esto. Desde luego, la suerte no me ha acompañado en esta nueva experiencia: mala suerte al elegir la ubicación, también con los compañeros de piso (que no sirva de referencia, porque mis compañeros del erasmus eran alemanes y geniales), etc. Pero, a pesar de todo, me quedo con lo bueno de la experiencia, no solo laboralmente hablando. Me quedo con los viajes: Múnich durante el Oktoberfest (reencuentro Erasmus incluido), Berlín también como reencuentro de exflatmates y la genial Estocolmo (me vendieron la moto con la “belleza nórdica”, la gente de aquí sí que es guapa guapa y no la de Finlandia). Me quedo con el tiempo libre que he tenido para dedicarme a mí mismo y reencontrarme con la escritura, lo que me ha llevado a ganar un primer premio en un concurso de relatos de Valencia organizado por la Junta Municipal de Ruzafa y, también, a que me publicasen otro microrrelato en un libro. Y, sobre todo, me quedo con la vuelta a casa por navidad, llena de reencuentros.

Ya sólo me queda dar las gracias a todos los que habéis formado parte de él y aportado vuestro granito de arena para que haya significado tanto para mí. Y ahora, después de decir adiós a este año inolvidable, quería hablar de propósitos para 2014, pero, como ya me he extendido lo suficiente, los dejo para la siguiente entrada.

Sergio Ferrer

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