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El olor de los momentos

Siempre me han matado los olores. Tienen una capacidad de evocar recuerdos y transportarte a lugares tan lejanos como ningún otro sentido.

El olor a hierba mojada, mientras corríamos de vuelta a casa, aún siendo niños, bajo una de las tan típicas lluvias veraniegas. Y el posterior olor a bizcocho de chocolate nada más entrar a casa; pero, eso sí, “después de que vayáis al baño a por una toalla y os sequéis antes de coger una pulmonía”.

El olor a marihuana de los parques, durante la adolescencia, cuando se fumaba por fumar. Y, también, el olor a fritanga del bar donde pasábamos las tardes con la que por aquel entonces era la rubia favorita de la mayoría.

El olor a papel de los primeros folios al empezar la universidad y, algo más de un lustro después, el olor del humo que producían todos esos apuntes, ardiendo para festejar el final.

El olor a ti, en los comienzos, cuando no éramos más que dos desconocidos. Y el olor a ti, mucho tiempo después, anoche, en aquel bar. Ese irresistible y aterrador aroma que aún me acompaña, impregnado en una camisa que hoy… he decidido volver a llevar.

Keep breathing, just like this, in peace

Keep breathing, just like this, feel the peace

Sergio Ferrer

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