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El reencuentro

Y allí estaban, sentados uno frente al otro en el restaurante de playa más romántico del país. Él, recostado sobre la silla con una americana abierta y debajo una camisa, sin corbata. Mantenía ese look arreglado pero informal que siempre le había caracterizado. Ella, con un precioso vestido, radiante bajo la luz de la luna. Habían pasado 10 años desde la última vez que se vieron, alguno más desde la última vez que cenaron juntos; pero, en ese momento, a ninguno le importaba.

– Estás preciosa – dijo él.
– Pensaba que no lo ibas a decir nunca, – respondió ella – tú también vas muy guapo.

Ambos se sonrieron, les brillaban los ojos, había sido tanto tiempo el que habían estado sin intercambiar halagos.

– Quiero que esta sea una noche perfecta, he esperado tanto tiempo este momento – añadió el chico.
– Todas las noches son perfectas contigo a mi lado, eso es algo que no he olvidado – dijo ella con un tono melancólico.

Y entonces se miraron, cómplices, y descubrieron que a pesar de los años que habían pasado sin saber nada del otro seguían como el primer día. Descubrieron que sus corazones dejaban de latir por un momento cada vez que el otro les decía algo bonito, cada vez que se cruzaban sus miradas. Descubrieron que un simple roce les ponía la piel de gallina y que seguían con esos nervios adolescentes en el estómago. Descubrieron que nunca habían dejado de amarse.

Sergio Ferrer

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