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Mi aventura Samsung (II)

Bueno, continuo la entrada anterior por dónde la había dejado, el fin de mi permanencia con Orange. Aunque estaba muy contento con el N85, la tecnología móvil había evolucionado mucho y tenía ganas de un cambio. El móvil que estaba pegando fuerte en aquel entonces era el Samsung Galaxy S, pero yo me había prometido no comprar móviles a Samsung, así que busque una alternativa. Uno de los móviles que le hacía la competencia era el que encabeza este post, el HTC Desire.

Este modelo cumplía todo lo que yo quería, o eso pensaba en un principio. La resolución y calidad de pantalla era impresionante, de lo mejor que había visto hasta la fecha. La velocidad de procesador y la cantidad de memoria RAM nunca me han supuesto una queja. Sin embargo tenía algunos inconvenientes. El primero y menos importante era el flash LED, demasiado potente, tanto que quemaba cualquier foto. Era casi imposible sacar una foto con este flash y quedar contento con los resultados. El segundo contra, una bestialidad, un fallo garrafal en un móvil que pretendía dar mucho de sí.

¿Y qué es eso tan importante diréis? Pues en todo equipo siempre está el típico… menos avispado, por decirlo de algún modo. Pues en el grupo de HTC, este hombre para el cual no tengo calificativos fue el encargado de elegir la memoria interna del móvil. No sé como sucedería, si mientras jugaba con sus hijos, si los tiene; mientras se duchaba, cagaba, se masturbaba o fue todo producto de un sueño. La realidad nunca la sabremos. Lo que sí sabemos es que a ese crack, a ese genio de la electrónica y del diseño, a ese fan de la tecnología, a ese ingeniero cum laude, en algún momento se le pasó por la cabeza que 150MB era una cantidad de memoria más que suficiente en los tiempos que corren. ¿Pero qué coño?¿En qué pensaba? ¿Acaso creía que los smarthphones tenían que ser exclusivamente para llamar y mandar sms pero con un diseño más bonito? ¿Fue el típico que faltó a la reunión en la que se comentó lo que era Android Market (Google Play) y que iban a hacerse unas cosas que se llamaría aplicaciones, que se descargarían y OCUPARÍAN MEMORIA? A saber…

Total, esa ha sido la principal razón por la que vendí hace menos de una semana mi HTC y me dispuse a darle una nueva oportunidad a Samsung, con su flamante Galaxy S2. Pero aún me aguardaban sorpresas. Las cuales comentaré en el próximo y último post.

Sergio Ferrer

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