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Mi historia de las telecomunicaciones

Hoy, un año más, ha sido el día de bienvenida para los nuevos alumnos de telecomunicaciones (los pollos). Se les nota en la cara que son nuevos, que desconocen, ves la ilusión en sus ojos. Te recuerdan a ti hace unos años, cuando entraste, y a la vez te hacen pensar que no saben lo que les espera.

Las cosas son así, estás acostumbrado a sobresalientes y notables en bachiller estudiando la tarde de antes, llegas a la carrera y, zasca, de las 8 ó 9 del primer cuatrimestre te caen 4. Te quedas a cuadros, sales de cada examen sin saber siquiera si lo aprobarás, una sensación totalmente nueva para ti. Menudo golpe para la moral. “No te preocupes, es normal” te dicen, pero para tus adentros piensas, “Normal no, yo no soy así”. En el segundo cuatrimestre te prometes empiezar a ponerte las pilas mucho antes, ves que la tarde de antes no sirve para aprobar tan fácilmente. Al final sigues estudiando la tarde de antes, pero con el resumen ya hecho, no desde cero y, de esta forma, consigues recuperar algunas a la vez que aprobar casi todas las que tocan de esta evaluación.

Pero no todas, y es cuando te das cuenta de que por primera vez en tu vida tienes que ir a exámenes en septiembre, te das cuenta de que te va a tocar estudiar en verano un par de asignaturas. Al final tampoco estudias todo el verano, total son dos o tres asignaturas, piensas que con una semana te valdrá y no estás dispuesto a amargarte un verano. Pero aún así, la carga moral de tener que examinarte en septiembre te molesta.

Te empiezas a plantear qué ha ocurrido, porque hay que ser sincero, no te han caído porque seas malo (no puedes haber empeorado así de repente en un año), te han caído porque no te las has mirado lo suficiente. ¿Y, por qué no te la has mirado lo suficiente? Porque te das cuenta de que no te gustan y piensas, bueno, hago un esfuerzo y listo. Pero en el fondo te dan asco, mucho asco, y vas a intentar hacer lo mínimo para aprobarlas.

Entonces llegas a segundo y ves que hay muchas más que no te gustan que el año anterior y te mueres del asco solo de pensarlo, intentando sacar lo que puedas sin morir en el intento y manteniendo la vida social. Te caen un par más que el año anterior, que arrastrarás a tercero.

Y ahí la pregunta cambia y surge la nueva: ¿esto es teleco? Te sientes engañado, todo lo que te toca estudiar no parece tan bonito como lo pintaba el profesor Carlos Hernández en la charla de presentación de la carrera, aquella charla que te hizo optar por teleco. Y él no tiene la culpa, es una excelente persona y su labor era vendernos teleco como lo mejor y más entretenido del mundo y así lo hizo de la forma más carismática y convincente posible, muchos picamos el anzuelo. La gente te dice que teleco empieza a cambiar en el segundo cuatrimestre de cuarto, con la especialidad, después de haberte comido tres años y medio de cosas que te importan bastante poco y muchas de las cuales esperas no necesitar nunca en tu vida.

Una vez en la especialidad siguen habiendo varias opciones: que te apasione, como he visto algunos casos; que te haga dudar de que la elección ha sido la correcta o que te produzca bastante indiferencia y pienses “ya que tengo que sacármelas al menos son más fáciles que todas las troncales anteriores”, que es mi caso. Pero aún así llevas arrastrando algunas de las que más asco te han dado durante toda la carrera y a las que tarde o temprano tendrás que enfrentarte.

Y, ¿la luz? Pues las esperanzas las veo, básicamente, en un año de erasmus (algo bueno tenía que tener la universidad) y que ya queda poco para acabar la carrera y cambiar el rumbo de mi vida. Y mientras tanto, a disfrutar. -Pero bueno, esto es solo mi historia. Queda en manos de cada pollo escribir la suya propia, como todos los actuales alumnos (los que quedamos) tenemos la nuestra.

Sergio Ferrer

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