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¿Son los trenes alemanes el colmo del caos?

Nota: éste es un artículo totalmente influenciado por las experiencias propias que he vivido.

Para empezar, me gustaría aclarar dos cosas. En primer lugar, en Alemania hay cuatro tipos de trenes: ICE (InterCityExpress), lo que sería un alta velocidad; IC/EC (InterCity/EuroCity), el único que he cogido de este tipo era muy viejo, lleno de puertas inútiles en mitad de los vagones, no sé a cual equipararlo; RE (RegionalExpress) y RB (RegionalBahn), ambos similares en características, aunque supongo que el Express se mueve más rápido. En segundo lugar, no soy usuario habitual de trenes de corta distancia en España, por lo que no puedo comparar en este aspecto.

El primer día que puse un pie en Berlín, dispuesto a comenzar mi nueva aventura, me tocó coger dos trenes para llegar a Riesa, lugar donde vivo. No hubo nada destacable más allá de que ambos se retrasaron unos ocho o diez minutos. Pero, el fin de semana pasado, volví a utilizar el sistema ferroviario alemán para visitar Múnich durante el conocido Oktoberfest (esto daría para un tema aparte). El viaje de vuelta ha sido, hasta el momento y sin lugar a dudas, mi peor experiencia en tren hasta la fecha.

Me tocaba coger tres trenes en total, con sus respectivos dos trasbordos. El primero, un ICE, alta velocidad. Nada más subir me siento en el primer asiento que veo, hasta que pasados diez minutos viene una pareja a decirme que ese era uno de sus sitios. Éste es el primer punto curioso, puedes reservar asiento (previo pago de 4€) o no hacerlo. Cuando subes al tren, no hay ningún método para saber si un asiento está reservado, no lo sabes hasta que viene alguien y te dice que es el suyo.  Me levanto y me siento en el de atrás. Al rato llega el revisor, pide los billetes y me dice que me he equivocado de vagón, que estoy en primera clase (ya decía yo que aquello era muy espacioso). Me explica que a la entrada de los trenes hay un 1 o un 2, indicando la clase. Sinceramente, como entré en el primer vagón y vi un 1, tampoco le di más vueltas, ahora ya lo tengo claro para la próxima vez.

Me levanto del asiento y me dirijo cinco vagones hacia delante, según las indicaciones del revisor, para llegar a segunda clase. ¿Qué me encuentro allí? Unos tirados por el suelo, otros de pie, como si se tratase del autobús. Sigo caminando, aunque es difícil debido a la cantidad de gente en los pasillos, buscando un hueco donde sentarme, aunque sea en el suelo. Finalmente, lo encuentro y me siento frente a esta situación.

fototrenmunich

Podría entender que esta situación ocurriese en algún tipo de tren regional donde la gente entra con bonos, sin control, donde no se lleva un control exhaustivo del número de pasajeros y donde, además, los viajes son relativamente cortos. Pero, no comprendo como pueden permitirlo en un tren de este estilo, donde venden los billetes uno a uno, a un precio nada bajo, por cierto, como para que no tengas ni siquiera un sitio donde sentarte en un trayecto que puede durar horas. ¿Por qué permiten este modelo de negocio a costa de la seguridad de los pasajeros? No olvidemos que es un tren que viaja mucha parte de su trayecto a unos 250km/h.

Finalmente bajo en Nürnberg y me dispongo a coger el siguiente tren, un RE. Esta vez me muevo rápido, cual ave rapaz tras su presa, para tener un sitio disponible en la segunda clase del segundo tren. Llego y consigo uno de los últimos del vagón, el cual empieza a llenarse más y más con gente de pie. Desafortunadamente, me toca al lado, de pie, una familia de dudosa procedencia y hábitos higiénicos desconocidos. Un olor mezcla entre orín y sudor envuelve mi presencia. Recordemos que los tengo a tan solo unos centímetros, distancia nula en algunos casos cuando se apoyan en mi asiento. Tras más de tres horas de viaje (TRES HORAS TUVIERON QUE AGUANTAR DE PIE, Y LAS TRES A MI LADO), llego a mi destino y, por fin, cojo el último tren.

En este encuentro sitio fácilmente y el único inconveniente que le veo es que hay un tío con la música muy alta cerca de mí. Me siento feliz, estoy sentado y no huele mal; no le doy importancia a la música, la cual decide parar a los quince minutos.

Y al fin llego a casa. Comento la experiencia de los trenes con mis compañeros alemanes y me dicen que es normal. Que aunque sea un tren de alta velocidad y vendan los billetes individualmente, pueden vender de más y, si no tienes sitio, te apañas. Lo mismo me había comentado una chica con la que conversé durante el trayecto. Me parece increíble.

¿Qué será lo próximo? ¿AirBerlin vendiendo el doble de asientos de los disponibles y el que llegue más tarde va de pie en el avión?

Sergio Ferrer

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